
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año, más de 700.000 personas en el mundo mueren debido a esto y la cifra sigue en aumento.
La RAM sucede cuando las bacterias, hongos, virus y parásitos dejan de reaccionar a los medicamentos antimicrobianos, lo que hace que estos ya no funcionen bien contra las infecciones y sea más difícil curarlas.
Los antibióticos, antivirales y antifúngicos son algunos de los tipos de medicamentos antimicrobianos. No solo se utilizan para tratar enfermedades en personas, sino también en la producción de alimentos y en el cuidado de los animales. Además, los residuos de eliminación de los organismos que han consumido antimicrobianos pueden contaminar el medio ambiente, es decir, suelos, fuentes hídricas, otros animales y plantas.
En la salud de las personas, el uso inadecuado de los antimicrobianos hace que los microorganismos se vuelvan más fuertes y resistentes, es decir, que estos medicamentos no tengan efecto, lo que prolonga las hospitalizaciones, aumenta los costos de salud y eleva la mortalidad.
Para fomentar el uso responsable de los antimicrobianos y prevenir la RAM, el Ministerio de Salud y Protección Social recomienda lo siguiente:
La mejor estrategia para evitar estas complicaciones es prevenir las infecciones desde el inicio. El lavado frecuente de manos y el uso de tapabocas en lugares concurridos son medidas clave para reducir el riesgo de transmisión.
El país ha venido implementando diversas iniciativas para mejorar el control de la RAM, promoviendo la vigilancia epidemiológica, la educación sobre el uso adecuado de los antimicrobianos y el fortalecimiento de políticas públicas orientadas a reducir su impacto en la salud y el medio ambiente.
Como parte de estos esfuerzos, el Plan Nacional de Respuesta a la Resistencia a los Antimicrobianos coordina acciones entre instituciones de los sectores de salud humana, salud animal, medio ambiente y producción de alimentos. Su objetivo es prevenir, mitigar y controlar la RAM mediante estrategias coordinadas y sostenibles. De esta manera, Colombia se une a los esfuerzos mundiales para controlar la RAM y reducir sus efectos en la población y el ecosistema.