Gabriel Díaz afirma que la respuesta al reciente terremoto dejó al descubierto una brecha ética en Colombia: mientras la ciudadanía demostró una gran solidaridad y compasión organizando acopios y donaciones para las víctimas, algunos sectores políticos aprovecharon la tragedia para promover la polarización y sacar rédito electoral. Por ello, sostiene que la reconstrucción del país no solo requiere obras físicas, sino una transformación ética en el liderazgo político, exigiendo a los dirigentes acallar el sectarismo y trabajar con el mismo compromiso y bien común manifestado por la sociedad.











