
Por: Aura Galeano
Desde el inicio de mi carrera pública, he sido una acérrima defensora de los derechos de las mujeres. Mi campaña política se basó en estrategias para fortalecer el liderazgo femenino, impulsando el emprendimiento, la inclusión en el deporte, la economía, la cultura y la educación. Estos ejes quedaron plasmados en el Plan de Desarrollo "Ibagué para Todos", con el objetivo de blindar a las mujeres en un entorno óptimo para su crecimiento y su proyecto de vida.
Y digo proyecto de vida porque hoy las mujeres no solo soñamos, sino que transformamos realidades y lideramos cambios en entornos competitivos. Lo vemos en la política, cada vez más mujeres son elegidas en cargos de elección popular, ganando espacios de decisión que reflejan una transformación social progresiva. Sin embargo, persiste una herida profunda, la violencia contra la mujer sigue siendo una pandemia silenciosa.
La Procuraduría General de la Nación ha alertado sobre este flagelo, subrayando que las cifras oficiales no capturan la magnitud real del problema. Urge un sistema unificado de información sobre violencias de género para dimensionar el panorama y tomar acciones efectivas. Pero hoy quiero ir más allá de las estadísticas y hablar de algo igualmente preocupante, la normalización de la violencia política y mediática contra las mujeres.
En Ibagué, una ciudad lastimada por la polarización, hemos visto ataques directos, sistemáticos y cargados de injuria contra dos mujeres que han servido a la ciudad con entrega, la alcaldesa Johana Aranda y su hija, Isabella Buendía. Mujeres formadas con sacrificio, amor por lo público y voluntad de cambio.
Criticar es válido en democracia, pero el linchamiento público, la difamación y el sesgo de género no pueden ser herramientas políticas. Si hay investigaciones pendientes, que actúen las entidades competentes; pero el matoneo como táctica no puede seguir siendo tolerado.
Hoy son ellas; mañana, cualquiera de nosotras. Detrás de cada mujer en la vida pública hay una historia: madres, hijas, abuelas que luchan día a día. Por eso, invito a tocar el corazón y reflexionar: ¿Qué sociedad queremos? Una donde se premie la destrucción del otro, o una donde prevalezca el debate respetuoso y la construcción colectiva.
Rechazo cualquier forma de violencia contra la mujer; física, psicológica, política o simbólica y seguiré trabajando para que Ibagué y Colombia avancen hacia una cultura de respeto. Porque somos más los que creemos en un país humano, donde las diferencias no justifiquen agresiones.
Como dice mi lema: "Un aura diferente por Ibagué". Un aura que represente a las mujeres que luchan de sol a sol, y a una sociedad donde la dignidad no tenga género.