
Todo parece indicar que el rector del Conservatorio del Tolima, James Fernández, podría terminar en ‘vueltas’ por las generosas atenciones que tuvo con el candidato presidencial Abelardo de la Espriella, durante el desarrollo de su campaña este fin de semana en Ibagué.
Fernández, lejos de hacerle ‘el quite’ a la participación en política pese al prominente agite electoral, no solo acompañó al candidato en la interpretación de una pieza musical, sino que además prestó las instalaciones de la institución educativa con evidentes fines proselitistas.
¿Actuación indebida?
Paradójicamente, mientras el Conservatorio recibe recursos públicos desde el Gobierno Departamental, se convierte a la vez en epicentro, con la venia del rector, de un evento político que podría ir en contravía de las restricciones que se ejercen en medio de las campañas.

De esa manera, lo que debería ser un espacio destinado únicamente para el arte, la cultura y la formación académico-musical, terminó convertido en la plataforma de un candidato presidencial que, plagado de polémicas cortesías, aprovechó para fortalecer su imagen política.
Se ‘calentó’
Como administrador de un bien público y receptor de recursos oficiales, James Fernández, afirman expertos del derecho, no debió ser cómplice de una campaña presidencial, y por la simple premisa de ‘curarse en salud’, tenía que haber sido completamente ajeno al ejercicio proselitista del popular ‘tigre’.